Por un sistema económico de buen rollo

La economía del bien común, imagen con fondo blanco.

En el enfrentamiento visceral entre la ideología que aboga por una economía planificada y su oponente el Sr. Mercado Libre se da una paradoja: todas las economías de nuestro planeta menos Corea del Norte son mixtas. A juzgar por el mundo actual, tener un sector público potente que ayude a articular el mercado parece clave para elevar el nivel de vida de una sociedad. Muestra de ello son los países del norte de Europa, Canadá y Australia. Esto es así porque los mercados ni son inteligentes ni planifican muy bien por sí solos. Están dominados por un cúmulo de macroempresas que en última instancia se comportan como psicópatas; es decir, su absoluta prioridad es el beneficio propio. Un beneficio que a menudo se consigue a costa de destrucción medioambiental, concentración y abuso de poder, dumping salarial, creación de cárteles, polarización y miedo social, hambruna, supresión de la democracia y un largo etcétera. Hace falta un Estado con fuerte influencia ciudadana que contrarreste las peores tendencias naturales de los mercados, y es la lucha del nunca acabar.

A menos que se cambie la estructura de los mercados de raíz. Aquí es donde entra Christian Felber y su proyecto de la economía del bien común. Un modelo económico incipiente al que ya se han apuntado más de 1.300 empresas y varios municipios alrededor de Europa (en España hay de momento diez). El modelo redefine el éxito económico; desde lo público pretende premiar con ventajas legales a las empresas según cómo cumplen con los siguientes criterios: dignidad humana, solidaridad, sostenibilidad ecológica, justicia social y, por último, participación democrática y transparente. Cada criterio se mide a su vez en relación a los actores que afecta, estos son: proveedores, financiadores, clientes, productos, servicios copropietarios y actores de ámbito social.

Matriz 4.0 de la economía del bien común.

Según la puntuación de las empresas, algunas de las ventajas legales que se barajan son las siguientes:

  • Disminución del impuesto sobre el valor añadido (de 0 a 100%)
  • Aranceles más bajos (0 a 1000%).
  • Créditos bancarios con condiciones más favorables.
  • Prioridad en la compra pública y la adjudicación de contratos.
  • Cooperaciones con universidades públicas en investigación.
  • Ayudas directas.

Y, no menos importante, los productos producidos reflejarían la puntuación (por ejemplo mediante una escala de cinco colores que van desde  0-200 puntos=rojo a 800-1000 puntos=verde). Esta escala permitiría al consumidor calibrar la compra no sólo por su precio, sino además por su valor ético.

La gran duda que suele surgir es ¿quién controlará el balance de las empresas? ¿No requiere este control acaso unos recursos descomunales por parte del Estado? En absoluto. El mercado sería casi autosuficiente en este sentido y seguiría un camino que recuerda el del balance financiero. El balance del bien común lo compilan las empresas y se controla en primer lugar internamente (mediante responsables del bien común) y después, de manera externa, por los auditores del bien común. Con el certificado del auditor del bien común, el balance es válido y la empresa es clasificada inmediatamente en un nivel impositivo y arancelario, adjudicándosele además unas condiciones de crédito. El Estado se limita a dos cosas: 1. En lo que atañe a las compras y adjudicaciones públicas, primero valora el balance del bien común y después el precio. 2: Junto con el certificado legal y el seguro de calidad de los auditores del bien común, el Estado sólo tiene que efectuar auditorías de control al azar entre las empresas.

Hay algunas ventajas claras del balance del bien común frente al balance financiero. En el caso del EBC (economía del bien común) sería público y accesible a todo el mundo, de modo que cada empresa tendría muchas partes interesadas controlando que no se falsifique.

Pero la EBC es mucho más que este matriz. Ofrece propuestas para crear una banca democrática, reconfigurar la naturaleza de la propiedad y reformas democráticas interesantes, siempre en beneficio del ciudadano común. Por respetar la extensión de este post, no profundizo más en estos temas. Sin embargo dejo la recomendación de leer el libro de Christian Felber, su fundador, sobre el tema. Cuanto más indago en el modelo, más elegante y sencillo me parece, y me hace cuestionarme si nos hemos obcecado tanto en los modelos económicos habituales de la discusión “capitalismo vs socialismo” que hemos sido incapaces de imaginar alternativas.

http://es.wikipedia.org/wiki/Econom%C3%ADa_del_bien_com%C3%BAn

 

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