La crisis de los 40

El cuerpo de Paola experimentó todo lo que quiso en su juventud durante la revolución sexual en Occidente, pero nunca tuvo suerte en el amor. No era mala persona ni mal amante, ni de mal ver ni de poco entender, ni de discutir en exceso ni le faltaba carácter; el amor simplemente conspiraba en su contra. A sus treinta y ocho años ninguna relación le había durado más de dos meses. Sólo había llegado a llamar novio a dos chicos. El primero la abandonó por una muchacha seis años más joven que ella y el segundo acababa de volvérselo a hacer, ésta vez por una trece años más joven. Paola odiaba a los hombres con la misma intensidad con que a veces se odiaba a sí misma. Parecían tener una fijación extrema por la juventud, algo que a ella se le escapaba de entre los dedos, y de la piel de los dedos, y del aliento, y del pelo y de la figura y de la voz y de las articulaciones y de la mirada. Hasta su alma envejecía. Leer completo.

Sin pena ni gloria

Sé de un chiste pero no lo sé contar. Sólo sé contar su historia y es una de las más duras que conozco.

Era el mejor chiste del mundo y además uno de aventureros. En su juventud viajó más que cualquier otro chiste y arrancaba estruendosas risas a gente de todos los idiomas y colores. Era la mecha que encendía cualquier conversación. Unía a los amigos, a las parejas, ponía fin a las discusiones y cada vez que se contaba le seguían otros diez, le seguían otros veinte. Pero un día se volvió viejo como viejos se vuelven los chistes, que jamás salen por la puerta grande, sino que mueren lentamente. Leer completo.

Se nos fue de las manos el amor

Quizá fue mantener una relación demasiado estrecha con su jefa, Carolina, lo que magnificó el simple error de un informe rutinario hasta convertirlo en la causa de su despido. Francisco cerró la puerta del despacho en las narices de quien era, además de su empleadora, su esposa y llegó a casa con impotencia y rabia cayéndole de los ojos. Ni siquiera le dio tiempo a sentarse cuando Carolina entró tras él. La mujer todavía estaba fuera de sí y exigió a lo que le rendía el pulmón que rompieran su relación. Pero lo único que consiguió de su marido fue otro portazo en las narices. Esta noche, y a saber cuántas más, las pasaría el pobre diablo en el apartamento de su hermano. Leer completo.