La presa

(microcuento)

 

El gato se relamía el paladar mientras reptaba cuidadosamente alrededor del ratón, siempre en la sombra, cerrando el círculo cada vez más. Estudiaba cada contracción de su delicioso cuerpo. Cualquier pequeña fisura, cualquier gesto, por imperceptible que pareciera, desataría la reacción instantánea del cazador. Efectivamente, la pobre presa lo vio cuando estaba a apenas un metro y ya era tarde. Pero el ratón le respondió con una mirada fría hasta el punto de esterilizar, para luego reírse, dar media vuelta y desaparecer despacio. El gato, humillado, volvió a su bol de leche para beber a solas.

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