La fantasmita

Itziar no era la niña más guapa del mundo. Su pelo rizado y moreno apuntaba en cualquier dirección y se le pegaba en la cara. Su piel era tan pálida que se podría colorear con lápices de colores. Pero, como todos los niños, contaba con facciones redondeadas y ojos gigantes, unos rasgos que doblegaban voluntades y anteponían sus pequeños intereses a los de las personitas un poco más grandes. Y ella lo sabía muy bien.

Pero nunca se había topado con nadie como aquel policía.

—¡Ama está en el suelo! ¡Ama está en el suelo! ¡Llama a la bulancia! ―gritaba la pequeña Itziar.

Que su vestido y manos estuvieran cubiertos de sangre tampoco la hacía más guapa. Aun así, el señor policía reaccionó con indiferencia desproporcionada. Era como si su mirada la atravesara para dar con el asfalto a su espalda. Itziar no se lo podía creer. Vociferaba histérica. Ardía con toda la inocencia de los niños, acostumbrados a que el mundo gire alrededor suyo, sin importarles donde se encuentran. «¡Nos han atropellado la furgoneta azul! ¡Rápido, llama a la bulancia!», repetía terca mientras sus lágrimas, cabello y sangre seguían desordenando su rostro.

Al final el señor policía pareció darse por vencido.

El agente levantó la mirada, echó una ojeada a su alrededor, dio media vuelta y se alejó. Con paso tranquilo, como si ese asunto de la niña no fuera con él. Como si la niña sólo fuera un fantasma imperceptible a sus oídos. Por primera vez Itziar tuvo la sensación de estar muerta ¿Cómo es que no la escuchaba, sino?, dudaba mientras se tocaba las manos y la frente, que desde luego seguían palpitando de dolor. Un pensamiento la paralizó por completo: «quizá por eso los fantasmas de los cuentos siempre andan quejándose, porque todavía sienten dolor». Estaba muerta…

Por suerte, no lo estaba. Tanto Itziar como su madre seguían vivas. Ocurría que Miguel, el señor antidisturbios que se alejaba con paso tranquilo, ya había abandonado su servicio a los ciudadanos momentos atrás. Igual que habían hecho sus compañeros de la furgoneta azul ensangrentada, en el momento en que recibieron la orden de cargar al inicio de la manifestación.

Comparte...Share on Facebook0Tweet about this on Twitter0Share on Google+8Email this to someoneShare on Reddit0Digg thisShare on LinkedIn0Share on TumblrShare on StumbleUpon0