Sin pena ni gloria

Sé de un chiste pero no lo sé contar. Sólo sé contar su historia y es una de las más duras que conozco.

Era el mejor chiste del mundo y además uno de aventureros. En su juventud viajó más que cualquier otro chiste y arrancaba estruendosas risas a gente de todos los idiomas y colores. Era la mecha que encendía cualquier conversación. Unía a los amigos, a las parejas, ponía fin a las discusiones y cada vez que se contaba le seguían otros diez, le seguían otros veinte. Pero un día se volvió viejo como viejos se vuelven los chistes, que jamás salen por la puerta grande, sino que mueren lentamente. Leer completo.

Se nos fue de las manos el amor

Quizá fue mantener una relación demasiado estrecha con su jefa, Carolina, lo que magnificó el simple error de un informe rutinario hasta convertirlo en la causa de su despido. Francisco cerró la puerta del despacho en las narices de quien era, además de su empleadora, su esposa y llegó a casa con impotencia y rabia cayéndole de los ojos. Ni siquiera le dio tiempo a sentarse cuando Carolina entró tras él. La mujer todavía estaba fuera de sí y exigió a lo que le rendía el pulmón que rompieran su relación. Pero lo único que consiguió de su marido fue otro portazo en las narices. Esta noche, y a saber cuántas más, las pasaría el pobre diablo en el apartamento de su hermano. Leer completo.

Dios es inmortal

A partir de Darwin, la ciencia arrebató al Señor la creación del hombre. Un siglo después, con Einstein, dejó a Dios fuera del espacio y del tiempo. Faltó poco para que Crick, Watson y Wilkins también le quitaran el código de la vida con el descubrimiento del ADN. Ahora corre el año 2.855 y la histórica discusión entre la ciencia y su milenario enemigo, el cristianismo, está a punto de alcanzar su fin. La ciencia acaba de encontrar la última de sus respuestas; el Universo se ha quedado sin misterios por resolver. Sin embargo, el cristianismo luce sano y vigoroso como nunca. En una entrevista preguntan al Papa San Pedro II de dónde saca su fe para seguir y él, con una amplia sonrisa, la sonrisa del vencedor, responde:

―Por fin se le agotaron las pilas a la ciencia y sólo pudieron probar que Dios no tenía nada que ver con este Universo. Eso no implica que no exista.

Agradezco cualquier opinión o comentario sobre el microcuento. Personalmente no creo en Dios, pero la “idea de Dios” o la de entes imaginarios superiores apareció en la tierra casi a la par que nuestra inteligencia y luego evolucionó con ésta. La “idea de Dios” es como un ser vivo, en el sentido de que se reproduce, evoluciona y se preserva como si tuviera sentido de supervivencia. Y es un ser que lucha por controlar su entorno -nosotros-, de la misma manera que lo hacemos nosotros con el nuestro. Quizá conforme descubramos otras inteligencias por el Universo nos encontremos con otras ideas de dioses. Quizá les contagiemos con la nuestra. Es posible que Dios sólo nos esté usando como vehículo para expandirse por todo el Universo y convertirse en ese ser omnipresente y omnipotente que desea ser ¿Vosotros qué pensáis?

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El silencio de Auschwitz

(Microcuento basado en la experiencia de mi amiga Martina)

 

Como casi cualquier ciudadano alemán, los recuerdos personales de Martina compartían espacio con los recuerdos de su pueblo. Y ahora la ola de extrema derecha que recorría Europa llegaba hasta su desayuno desde el periódico, hasta su comida desde la radio de la oficina y hasta su cena desde el noticiero de la tele.

¿Tan fácil le es al mundo olvidar?, se preguntaba Martina. Leer completo.