Se nos fue de las manos el amor

Quizá fue mantener una relación demasiado estrecha con su jefa, Carolina, lo que magnificó el simple error de un informe rutinario hasta convertirlo en la causa de su despido. Francisco cerró la puerta del despacho en las narices de quien era, además de su empleadora, su esposa y llegó a casa con impotencia y rabia cayéndole de los ojos. Ni siquiera le dio tiempo a sentarse cuando Carolina entró tras él. La mujer todavía estaba fuera de sí y exigió a lo que le rendía el pulmón que rompieran su relación. Pero lo único que consiguió de su marido fue otro portazo en las narices. Esta noche, y a saber cuántas más, las pasaría el pobre diablo en el apartamento de su hermano. Leer completo.